La oleada de millones repartida esta mañana por la Lotería Nacional ha dejado en un segundo plano la jura del nuevo Gobierno formado por Mariano Rajoy para llevar otras esperanzas a los hogares españoles. En cierto modo, y por seguir el símil del sorteo navideño, el cambio de gobierno ha sido como una especie de premio a esa mayoría de la sociedad que apostó por una renovación profunda de la política en España. Lo que ahora toca es ver en qué medida los ganadores sabrán gastar su premio y dar cumplida cuenta de los sueños que tantos depositaron en el voto. De momento, el presidente Mariano Rajoy ha querido nombrar un gobierno fuerte y solvente para afrontar la crisis económica más dramática que vive España desde la transición democrática.
Sin embargo se echa en falta un perfil más claro en lo relativo a ofrecer una alternativa a la cultura radical que ha practicado el zapaterismo. No quiere decir esto que se hayan descuidado áreas fundamentales para la regeneración por la que clama la sociedad, como la justicia, la política exterior, la agricultura o la educación. Aunque en todo ello hacen falta conocer sus políticas en profundidad, especialmente en Educación.
Pero al gobierno le falta perfil en uno de los aspectos más degradados de la sociedad: la crisis de valores morales que afectan a la familia, la maternidad y la vida. Por ejemplo, un ministerio de la Familia hubiese sido un signo excelente para completar el diagnóstico de lo que se ha dado en llamar el “marianismo”. No obstante, la esperanza sigue en pie en espera de que en el “sorteo del Niño” llegue el premio en la forma de alguna Secretaría de Estado para compensar la desilusión del que no ha caído en Navidad.